Si nada te sorprende, es porque todo representa nada para ti. Lo sorprendente genera deseos de crear o recrear, de llevar a cabo las cosas un poco más allá de lo comúnmente concebido. Todo esos procesos crean sinopsis, la palabra y el aspecto fundamental para que estemos en la parte más alta de la cadena alimenticia de nuestro planeta. Si no hay nada que te emocione, ni nada que sorprenda, lo actual o el ahora no será mucho más diferente de lo que pasó en varias ocasiones del pasado inmediato o incluso del pasado muy en el pasado. El entusiasmo permite generar mucha mayor productividad laboral, amar lo que haces, lo que estudias, amar más a tu pareja y a tus hijos, a encontrarle mucho más sentido al día día.
Normalmente recordamos los días más emotivos, los más llenos de eventos inesperados, bien sean positivos o negativos. El entusiasmo puede ir en ambas direcciones, lo importante es su intensidad. La gente entusiasta desarrolla muchas más capacidades de todo eso que le gusta, y se vuelve altamente competitiva aun teniendo la desventaja más pronunciada frente a su competidores en el inicio de la carrera. Podemos citar ejemplos extremos como Nick Vujicic, que sin manos ni piernas es un empresario y conferencista sumamente famoso y exitoso tanto en su vida profesional como personal. Podemos irnos a casos muy comunes de personas que con todos los recursos económicos para ser los mejores en lo que quieran hacer, nunca lo logran y por el contrario se hunden en el fracaso total.
Se aplica en la vida laboral, personal, emocional, y lo podemos ver reflejado a diario en cualquier tipo de competencia deportiva, como por ejemplo el fútbol. Cuando un equipo tiene el entusiasmo bien arriba, puede que la capacidad técnica no les dé para ganar, pero el entusiasmo les da los elementos necesarios para ganar o al menos complicarle el momento al rival. Se estima que en competencias deportivas los factores de técnica, estrategia y táctica son supremamente importantes para ser competitivos, pero el nivel de entusiasmo juega el 80% del factor de éxito en cada evento jugado.
Es muy poco lo que se hace por el entusiasmo por parte de los empleadores. Esas cosas suelen ser tomadas como perdida de tiempo. El caso es que la mayor parte de la población trabaja sin entusiasmo. Odia los lunes, solo esperan que llegue el viernes al final de la tarde para llegar ir a pasar un fin de semana quizá no tan entusiasta con la familia, esperando que llegue el lunes para entrar en la zona de confort laboral. Pasan los años y de todo eso quedan en la mente quizá las espectaculares vacaciones o alguna serie de eventos entre labores y cotidianidad que se salieron de lo normal.
Lo que realmente le importa a las personas son cosas que lo entusiasmen, tanto en lo positivo como en lo negativo. Quieren que suceda algo extraordinario para tener una vivencia sobre la cual contar algo. Por eso nos encanta "perder el tiempo" viendo fútbol, ir a fiestas, emborracharnos, ejercer deportes extremos, consumir drogas, tener sexo, vivir momentos de alta adrenalina, y adoramos en el subconsciente todo lo que sea peligroso. Si la vida fuera una constante de eventos que provocan entusiasmo, se mejorarían muchas cosas en nuestras vidas. Quizá no tengamos más dinero, y ojala dejemos de producir en el mundo tanta basura de dinero, pero si mejoraremos notablemente nuestra calidad de vida.
Me quedo con la frase de una amiga: "Eso lo quiero hacer al menos una vez en la vida, y si muero por hacer eso hoy, por lo menos lo hice una vez en la vida".
Normalmente recordamos los días más emotivos, los más llenos de eventos inesperados, bien sean positivos o negativos. El entusiasmo puede ir en ambas direcciones, lo importante es su intensidad. La gente entusiasta desarrolla muchas más capacidades de todo eso que le gusta, y se vuelve altamente competitiva aun teniendo la desventaja más pronunciada frente a su competidores en el inicio de la carrera. Podemos citar ejemplos extremos como Nick Vujicic, que sin manos ni piernas es un empresario y conferencista sumamente famoso y exitoso tanto en su vida profesional como personal. Podemos irnos a casos muy comunes de personas que con todos los recursos económicos para ser los mejores en lo que quieran hacer, nunca lo logran y por el contrario se hunden en el fracaso total.
Se aplica en la vida laboral, personal, emocional, y lo podemos ver reflejado a diario en cualquier tipo de competencia deportiva, como por ejemplo el fútbol. Cuando un equipo tiene el entusiasmo bien arriba, puede que la capacidad técnica no les dé para ganar, pero el entusiasmo les da los elementos necesarios para ganar o al menos complicarle el momento al rival. Se estima que en competencias deportivas los factores de técnica, estrategia y táctica son supremamente importantes para ser competitivos, pero el nivel de entusiasmo juega el 80% del factor de éxito en cada evento jugado.
Es muy poco lo que se hace por el entusiasmo por parte de los empleadores. Esas cosas suelen ser tomadas como perdida de tiempo. El caso es que la mayor parte de la población trabaja sin entusiasmo. Odia los lunes, solo esperan que llegue el viernes al final de la tarde para llegar ir a pasar un fin de semana quizá no tan entusiasta con la familia, esperando que llegue el lunes para entrar en la zona de confort laboral. Pasan los años y de todo eso quedan en la mente quizá las espectaculares vacaciones o alguna serie de eventos entre labores y cotidianidad que se salieron de lo normal.
Lo que realmente le importa a las personas son cosas que lo entusiasmen, tanto en lo positivo como en lo negativo. Quieren que suceda algo extraordinario para tener una vivencia sobre la cual contar algo. Por eso nos encanta "perder el tiempo" viendo fútbol, ir a fiestas, emborracharnos, ejercer deportes extremos, consumir drogas, tener sexo, vivir momentos de alta adrenalina, y adoramos en el subconsciente todo lo que sea peligroso. Si la vida fuera una constante de eventos que provocan entusiasmo, se mejorarían muchas cosas en nuestras vidas. Quizá no tengamos más dinero, y ojala dejemos de producir en el mundo tanta basura de dinero, pero si mejoraremos notablemente nuestra calidad de vida.
Me quedo con la frase de una amiga: "Eso lo quiero hacer al menos una vez en la vida, y si muero por hacer eso hoy, por lo menos lo hice una vez en la vida".



