Se traslada lentamente cabizbajo a la escuela sin deseo alguno. Contempla cada milímetro de la fachada hecha trizas por los últimos combates entre el ejercito y la guerrilla. Junto a él, su madre con una hermosa sonrisa y un abrazo le intenta convencer que pronto las cosas estaran mucho mejor. Poco a poco llegan más y más chicos que van haciendo corrillos en el recinto, mientras a lo lejos soldados se encargan de custodiar el pueblo. La tranquilidad vuelve a respirar sutilmente entre sus habitantes ya acostumbrados a estos sucesos. El ejército inquieto trata de mostrar que la paz por fin ha llegado, pero todos saben bein que mientras ellos estén presentes el ciclo bélico no cesará.
El sonido tosco del campanar índica que la primera clase debe empezar. Todos los chicos se empujan en algarabía con los deseos de rallar de alguna manera sus cuadernos y esperar en cuenta recesiva el anhelado recreo. Una señorita simpática de unos 22 años, de tez trigueña y cabello liso es la encargada de inaugurar la enseñanza a los alumnos de quinto grado.
Francisco toma su lugar en aquel pupitre que apenas conserva el equilibrio, coloca sus útiles encima y abre su cuaderno cuadriculado. A través de sus gruesos anteojos contempla el techo y observa algunas gotas que se deslizan entre las grietas del cielo raso. Una de ellas cae en el centro de la hoja amarilla de su cuaderno esparciéndose en un radio perfecto de cinco centímetros y emanando un espectro que se filtrar lentamente en la memoria de Francisco.
De lo lejos llega un sonido agudo de alguien que pareciese hablar pero al cual no es posible entenderle. Un oscuro remolino que se mezcla entre la realidad y la imaginación hace que pierda su tranquilidad, y la voz de lejos arremete desde el centro de este llamadole repetitiva y agresivamente. Poco a poco se siente atraído y a su vez considera que por fin es necesario dejarse llevar. Sin embargo se desprende una energía muy fuerte que se descarga en en su sistema nervioso, la cual le hace abandonar su intención de seguir adelante. Todos sus vellos se erizan, su nariz sangra y de sus ojos salen algunas lagrimas de pavor.
Esto le solía suceder en las noches después del peor dia de su vida, pero era la primera vez que ocurría en el día. Anteriormente había logrado controlarse, pero esta vez su efecto era más intenso. Sus oídos parecen explotar por la magnitud y frecuencia del sonido, ante lo cual se tapa asustado sus oídos con sus pequeñas manos, y mira todo su entorno intentando llamar la atención de todos gritando con todas sus fuerzas. Sin embargo, parecía como sí nada estuviera pasando.
El remolino negro cada vez llama con más fuerza y se incrusta en todos sus sentidos. Con sus manos empuñadas azota el pupitre incesantemente hasta romperlo. Su nariz sangra excesivamente, mientras sus ojos parecen estallar y de sus labios partidos fluyen cañadas de sangre. Su corazón y respiración se aceleran, el sudor se apodera de todo su cuerpo, sigue gritando incesantemente y ante la excesiva presión en todo su cuerpo sus ojos empiezan a sangrar también. Sin embargo en el ambiente externo nada cambia; la profesora sigue dictando su clase y los demás chicuelos continúan ajenos al acto concentrados en el curso.
-Ya todo pasó- Le habla su madre, -ahora estás conmigo, no temas.- Sus ojos temblorosos se calman con su vos, pero grita por no saber la razón de tan crueles sensaciones. Repentinamente el lápiz rebota tres veces en el suelo y la portada de su cuaderno es rasgada a la par que sus hojas se organizan en un espeluznante remolino. Esta vez el escenario traspasa la frontera de lo externo y es apreciado por la profesora y sus compañeros de clase, quienes permaneces estuperfactos al verle el estado ensangrentado en que se encontraba su rostro. Francisco en su desesperación abandona el salón de clases olvidando sus pertenencias, en medio del grito de sus compañeritos asustados con tan cruento escenario y sin poder ser alcanzado por la profesora.
Corre, corre, y sigue corriendo muy lejos entre el bosque sin saber a dónde, huyendo de ese mundo que sólo existe en él. Cae torpemente en un pequeño charco que termina de arruinar su uniforme; a lo cual le resta importancia porque no desea volver jamás a aquella escuela donde nadie lo podrá entender. Lo único verdaderamente relevante es la presencia constante de su madre, quien lo ayuda a levantar y lo acoge en sus brazos, transmitiéndole la tranquilidad que necesita.
-Confía en mí, siempre estaré protegiéndote-
Un disparo se escuha y la sangre de su madre le mancha para siempre el uniforme. Ella cae al suelo sosteniendo el colchón que alistaba como escudo.
La realidad del conflicto armado no sólo es lo que se puede apreciar o contabilizar. Trato un poco de mostrar las eternas secuelas sicológicas que este trae. Mezclo la fantasia con un poco de la realidad, y sutilmente introduzco algunos apartes de mi realidad personal.
ResponderEliminarEl puente de la foto es al lado de una finca donde hace pocos años los paramilitares en Pore Casanare torturaban a cuanto sospechoso encontraban.
ResponderEliminarEsto me recuerda un poco lo que mi madre vivio cuando asesinaron a mi abuelo y sus secuelas...Tu manera de exresarlo me lleva a colocarme en sus zapatos y alcanzo a sentirme de alguna manera identificada. La realidad del conflicto se puede tomar desde muchas perspectivas, sin embargo me parece que la reproduccion sistematica del mismo, es un punto que debe ser tomado en cuenta para la sensibilizacion.
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