No se puede evaluar nada como bueno ni malo. Eso se podría hacer sí tuvieramos la capacidad absoluta de poder diferenciar entre estas dos nociones de juicio. No sé sí hago lo correcto en mi vida y creo nunca lo sabré. Sí me complico la vida pensando sí lo que estoy haciendo se ve bien, me moriré igual sin saberlo. Prefiero respirar tranquilo, pues quiza muera mañana o quiza en 100 años. Muy aburrido morirme viviendo aburrido.
Cuando asumimos una posición política, de alguna manera asimilamos una manipulación política. El estar del lado de un bando no implica la identidad con todas las ideas que se plantean en ese lado. Quizá con ninguna. Nadie tiene tiempo para pensar en todas esas cosas, ni siquiera los que plantean el discurso, los cuales suelen vagar en contradicciones que disimulan mostrando sólo lo más agradable al público.
La cuestión de sí el presidente de mi país hace lo correcto podría responderse facilmente sí te pones en sus zapatos ¿Lo harías mejor? ¿Serías incorrompible? ¿Qué es correcto para vos? El asumir que soy de un país, al cual llamo -mi país- implica que asumo cierta diferencia con otros países. Me debe importar mi nacionalidad, lo cual implica defender mi país incluso hasta la muerte.
De eso se trata la esfera política. Depende del punto en que te encuentres, manipulas o sos manipulado; seas del color o de la doctrina que seas. Lo importante en este asunto es no dejarse manipular tanto; así de simple.